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Canon 3. Parte 2.

No me demoré tanto como pensé, estaba dispuesta a una caminata mucho más larga inclusive. Conocer el pueblo explorándolo fue una experiencia agradable y mucho más instructiva que con un guía. Eso estaba bien para mi, estaba acostumbrada a descubrir los nuevos lugares a los que llegábamos cada vez que nos mudábamos, esa era la forma en la que estaba acostumbrada a familiarizarme. Finalmente encontré un lugar tranquilo en aquella pequeña ciudad, un edificio que era bastante atractivo tanto por su arquitectura como por su función. La biblioteca de la ciudad combinaba deliciosamente dos factores: el silencio y la gente. La forma en que se interrelacionan las personas ahí es muy cómoda, pasan cosas desde inusuales hasta mágicas, todo dependiendo de cómo quisieras verlo.

Vagaba por sus pasillos deteniéndome de vez en cuando a ojear los títulos que esperaban en las estanterías, talvez me anima a sacar más de uno. Cuando estaba decidiéndome a partir un título llamó mi atención "los tres cuartos crecientes". Me animé a abrirlo y sobreleer sus líneas pero estas me atraparon por un minuto embutiendo mis sentidos, salí a la realidad brúscamente para dirigirme a casa, había encontrado entretención para conciliar el sueño con lo que prometía ser una buena historia.

A pocos metros de la salida cerca de las últimas estanterias que formaban laberintos reconfortantes en los cuales las personas se perdían algo me detuvo. Mi brazo estaba aprisionado fuertemente, pero sin intenciones obvias de hacerme daño, aunque eso no evitó que me pusiera a la defensiva.

Miré fijamente los ojos de quien me tenía sujeta y traté de safarme, pero en el momento que jalé mi brazo hacia atrás él me soltó.

- Disculpa, ¿Te he asustado?, no era mi intención.

-No, no me has asustado, pero sí es molesto que te tomen del brazo de esa manera. -directa y hasta un poquito agresiva, no era mi estilo con los conocidos, pero los desconocidos hacen que las barreras defensivas se alcen como gruesos muros.

- Mi nombre es César, pero me conocen más como Sar. - no estaba interesada en presentarme frente a un extraño, sobretodo cuando no era necesario, mi obligación era con la comunidad.

- Hola Cesar - dije secamente, no deseaba entregar más información, apreté el libro sobre mi pecho para dar la impresión de que estaba por retirarme.

- Y tu nombre es... - insistió. Lo miré nuevamente. ¿Que mal podría hacerme? Quizás no lo volvía a ver.

- Eres un extraño del cual sólo sé su nombre, no es mi intención ser grosera pero podrías decirme qué quieres?

- Viviendo tantos años en el pueblo como yo, identificas a la gente nueva que aparece, sólo tenía curiosidad por conocerte, frecuento mucho la biblioteca y es la primera vez que te veo.

- Entonces, ¿eres una extraña persona con extrañas costumbres que se dedica a llevar un catastro de todos quienes entran por la biblioteca?

-Si en esa definición incluyes también alguien tímido que se ha armado de valor para acercarse a saludar teniendo como resultado un intento frustrado de amabilidad... sí.. ese sería yo. - no sabía si era una buena respuesta, pero por el momento servía.

- No pareces tímido...

- Repito: alguien que se ha armado de valor...

- Entonces... eres valiente, lo que te quita lo humilde. - empezaba a entretenerme con esta conversación, pero mi ánimo no quería seguir en este juego que estaba empezando. - En fin.. disculpa pero debo irme.

- Espero verte pronto, me imagino que ya estás inscrita en clases. - ¿qué tipo de comentario era aquel?

- No lo sé... tengo que irme. - volteé sin pensarlo y apresuré el paso: "que no me siga, que no me siga..." pensaba ansiosamente.

Acababa de vivir lo que yo llamo una experiencia incómoda, lo que se vuelve a mi gusto en desagradable, lo menos que fue.. es extraño, ¡suficiente por el día! era hora de otra larga caminata de vuelta a casa.

Muchos jóvenes ya ocupaban las plazas, habían salido de sus escuelas hace poco y pasaban la hora con otros, haciendo revuelo, pero un panorama distinto se daba en la comunidad: las calles se veían vacías, poco ajetreadas y de las casas no se escuchaba mayor ruido, la simple conclusión era que a los jóvenes aún los podías encontrar en sus actividades extracurriculares.

Aquella semana y media de plazo que me había dado mi madre, recién empezaba pero prometía ser muy larga y la oportunidad para intentar conocer a algunas personas era el fin de semana que se avecinaba.



1 comentario:

sálem dijo...

hey estoy aqui , exelente capi ,aunq me dejaste con ganas de mas , y Cesar , vaya si q es extraño !!! pero me gusta jeje
mis saludos mi niña